La imagen de las brujas como ancianas de caras arrugadas y verrugas en la nariz ha ido desapareciendo; en la actualidad las brujas presentan una forma de camuflaje más cotidiano y tal vez menos místico. Vestidas ahora con traje sastre, vestidos holgados y hasta jeans, no por eso han perdido la magia y el misterio que las rodeaban desde las épocas más antiguas del hombre.
Pero hagamos unas preguntas: ¿De dónde surgen? y ¿por qué son tan temidas y odiadas estas mujeres llamadas “brujas”?
En la antigüedad, cuando el ser humano apenas comenzaba a tomar conciencia de un Dios como entidad creadora de todo y poseedora del destino de los seres sobre la tierra, la magia comenzó a ser descubierta por hombres y mujeres que trataban de entender el suceder cotidiano de las cosas.
En la naturaleza fueron descubriendo el ciclo de vida y a partir de entonces las festividades para celebrar la llegada de las épocas más fértiles empezaron a volverse rituales. Durante este proceso las mujeres eran las encargadas de enseñar las costumbres y tradiciones de las tribus, supervisar y atender los partos, recoger y cultivar la comida y las hierbas curativas. Todos esos conocimientos fueron haciendo de estas mujeres verdaderas sabias en favor de la supervivencia de sus familias y pueblos.
El conocimiento que fueron adquiriendo las hacía ser respetadas y tomadas en cuenta en las decisiones importantes de las aldeas o las tribus e incluso se les consultaba para mediar en problemas cotidianos. Fueron precisamente estas mujeres sabias las primeras “brujas”, mujeres estudiosas de la naturaleza humana y del mundo que las rodeaba.
Durante la venida del tiempo de las conquistas, la violencia no permitió que las religiones basadas en cultos a lo femenino y conducidos por mujeres sobrevivieran. Muchas de estas mujeres y las diosas que adoraban fueron relegadas a un segundo término o destruidas totalmente.
De pronto la visión cosmogónica del universo se masculinizó, dando a la deidad la característica de un dios fuerte, guerrero y creador de todo.
Fue entonces cuando la imagen de estas mujeres antes venerada y respetada tomó una nueva forma; ahora eran misteriosas y oscuras en sus prácticas, su conocimiento ya no era bien visto y toda su sabiduría formaba, sin querer, parte de la oposición a los nuevos conocimientos, donde sólo tenía cabida el pensamiento analítico y práctico del mundo moderno. “Bruja”, el nombre que antes connotaba sabiduría y dedicación a la naturaleza, ahora era sinónimo de malicia y perversidad. Las antes ancianas sabias eran ahora temidas por la gente que, amenazada, evitaba verlas de día pero las consultaba de noche, y ellas se retiraron a vivir cada vez más lejos de las poblaciones, con el único fin de seguir practicando sus antiguas tradiciones y rituales.
Este alejamiento era más una forma de supervivencia que de vida. Ahora en la soledad y perdidas en el tiempo y la oscuridad, pudieron seguir sus existencias pero sin tener un contacto directo con las nuevas sociedades.
Los descubrimientos científicos y las conquistas hicieron que ese conocimiento se fuera quedando en el olvido para la mayoría, y ahora sólo unos pocos iniciados tendrían acceso a esa sabiduría. Los practicantes se mantendrían en secreto debido a la persecución y a las falsas acusaciones. Las hogueras encendidas llenaban de temor los corazones de los paganos practicantes, así que las grandes religiones fueron las que desde ese momento ejercerían el control del eje espiritual del mundo.
Sin embargo, de forma oculta siguió practicándose silenciosamente, pues hubo siempre unos cuantos que aún veneraban y veneran a la naturaleza.
En la actualidad esa semilla de reverencia a la naturaleza y al estudio de sus misterios dejó el anonimato. Durante los años sesenta se dio un ambiente cultural y político que permitió nuevamente el resurgir de estas prácticas. No obstante, ya no es una tradición ambigua y sin un nombre en común. Estudiosos como Scott Cunningham y Gerald Gardner se dieron a la tarea de concentrar todos esos conocimientos, organizándolos en una filosofía de vida primero, que a la larga se transformó en la ahora religión pagana de WICCA.
Wicca es la representación de todo aquello que alguna vez fue venerado y respetado, la naturaleza como principio fundamental de la vida sobre el planeta, las deidades que la representaban y, más aún, el esfuerzo por entender y utilizar en nuestro beneficio la magia del universo mismo.
Con este nombre moderno es como se conoce hoy en día a la tradición neolítica de adoración a la naturaleza. Wicca representa un nuevo camino espiritual que al mismo tiempo es el más antiguo en la historia del hombre.
Las brujas y los brujos wicca son personas de apariencia común, oficinistas, estudiantes, profesionistas, amas de casa, etcétera, pero que conocen y estudian los misterios del tiempo. Alaban a la naturaleza celebrándola en todas sus formas y no tienen miedo de invocar a las deidades antiguas, recordando en ellas los tiempos donde la armonía con la naturaleza nos hacía sentir completos y plenos como seres humanos. No creen en el diablo ni en un infierno como castigo a sus actos; creen en la retribución de acuerdo con lo que se haga en este mundo. Creen en la reencarnación como rueda universal de vida, creen en una deidad creadora dual que puede ser invocada y adorada en cualquiera de sus mil nombres y formas.
Actualmente éstas son las brujas, modernas mujeres llenas de misterios antiguos viviendo en un mundo desarrollado, retomando la armonía y celebrando las maravillas de la naturaleza, ¡ah! y -por qué no decirlo?- agregando también un poco de magia a este mundo.